¿Quién
no conoce los ñoquis? Es más, ¿existe alguien a quien no le gusten? Los
ñoquis son una preparación hecha a base de papa, harina o sémola
modeladas en forma de bolita a las que se les marca un perfil acanalado,
con un tenedor o tablita diseñada a tal efecto.
Es
probable que los ñoquis sean más antiguos de lo que creemos. El hecho
de hacer una masa y prensar sus pedazos con los dedos es un acto casi
natural. Aunque la cuna de los ñoquis se encuentra en Italia, durante
la Edad Media, estas bolitas se preparaban a base de sémola, harina de
trigo, arroz e incluso pan seco. Giovanni Bocaccio narra en El Decameron
que los habitantes del pueblo de Bengodi hacían rodar una pasta similar
a los ñoquis por montañas de queso parmesano. Cristoforo di Messiburgo y
Bartolomeo Scappi, dos cocineros del Renacimiento, tenían recetas para
preparar estos platos y Pellegrino Artusi, otro célebre gourmet de
mediados del siglo XIX, los cocinaba en leche.
Pero
es con la llegada de la papa, desde el continente americano, que el
consumo de los ñoquis se modifica. Las familias empiezan a elaborar la
masa con papa, leche y una pequeña porción de harina. La difusión masiva
de los ñoquis se produjo a finales del siglo XIX y, en las tierras del
Plata, fueron acogidos con entusiasmo gracias a las grandes migraciones
de italianos.
Actualmente,
los ñoquis más populares siguen siendo los de papa, pero existen otras
variedades muy apreciadas, como los ñoquis a la romana, hechos con
sémola, los ñoquis alsacianos, vieneses, a la parisina o la versión
austrohúngara llamada spätzle, más pequeños y que suelen servirse como guarnición.
Para comer un buen plato de ñoquis, podés ir a “Il Materello”, “Bella Italia” o “Italpast”.
Fuente: Viaresto.clarin.com
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